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La mentira sobre comprar casa que te han hecho creer.
¡Ni te lo imaginas!
La ciudad es mágica y agobiante a partes iguales.
La magia ocurre a la vuelta de la esquina sin que nos los propongamos: en la forma de un pequeño altar adornado con flores, un mural de colores vívidos, un edificio que a través de su diseño nos señala los años que lleva como testigo de los habitantes de su cuadra.
Pero lo agobiante siempre está al acecho: el ajetreo constante del tráfico, que en sus horas pico hace que todo aquel que vaya en coche o transporte público, incluso a pie, sienta la misma prisa, impaciencia y enojo.
Prisa por llegar a casa, por estar con los tuyos, impaciencia ante la lentitud de los autos o camiones frente al tuyo, enojo porque, de nuevo, dos horas de tu vida se han ido en la espera, que a veces parece eterna.
Y en la espera, sentado en tu coche o detrás de la ventana del camión, observas el barrio que ya conoces bien, a fuerza de pasar frente a ellas todos los días.
Imaginas que sería poder caminar de tu casa al trabajo y llegar en tan solo quince minutos.
Poder dormir más, porque ya no tienes el estrés constante de estar de pie a una hora fija, sabiendo que cinco minutos más te harán llegar tarde.
Puedes verte en el parque que tanto te gusta, jugando con tus hijos después de la cena o sentado observándolos, mientras platicas con tu pareja.
Incluso fantaseas con la posibilidad de que, si te esfuerzas, podrías ir a comer a casa todos los días y despedirte de la fonda o el puesto de quesadillas cercano a tu área de trabajo.
Así, en el mejor de los casos, se te fueron las dos horas de trayecto de regreso a casa, soñando despierto con un futuro ideal.

Llegas a casa cansado y frustrado. Tratas de cenar lo más rápido posible y cumples casi en automático con las cosas que hay que atender en casa, incluso platicar con los tuyos se ha vuelto una tarea.
Pero el trabajo es el trabajo, como diría el dicho.
Y contar con un empleo o ingresos seguros es una prioridad, pagar la renta de la casa donde vives, es una prioridad; así que te dices que la distancia no importa.
Que el trayecto que tienes recorrer todos los días no te afecta tanto. Y decides ignorar ese deseo que cada vez es más difícil de ocultar, de tener tu propia casa, en una zona que te convenga.
O al menos, solo al menos, ser el dueño de la casa que habitas. Tener esa certidumbre en tu vida. Que el suelo que pisas, te pertenece. Que el esfuerzo de todos tus días no se lo está llevando otra persona.
Pero eso solo le pasa a otros, te recuerdas.
A otros cuyo salario es el doble que el tuyo, que no tienen que preocuparse por pagar renta, por hijos en edad escolar; a otros que son sus propios jefes y pueden comprobar gastos, o aquellos que se ganaron la lotería.
Las personas que son dueñas de sus casas son otras y tú estás en una sección aparte, te repites.
Lo has visto con tus papás, que jamás se animaron a dar el salto a la compra y llegaron a su vejez sin un patrimonio; con tus vecinos, que siempre han dicho que es algo super difícil comprar una casa.
Así te lo enseñaron, así son las cosas.

¿Qué me dirías si te dijera que estás viviendo –valga la redundancia– bajo una creencia que en realidad no tiene nada, ni una pizca, de verdad?
Las cosas no le “suceden” a otros simplemente porque nacieron afortunados.
No es que tú pertenezcas a una categoría donde todo lo que desees, como ser dueño de tu propia casa o departamento sea un tema si no imposible, bastante complicado.
Es que te lo han enseñado así. Y te lo has creído. Lo has tomado como una verdad absoluta porque ¿cómo podrías negarte a creer lo contrario si te lo han repetido hasta el cansancio?
Quizás me dirás que de cualquier modo sí te has esforzado, que incluso ya lo has hecho todo, en el mejor de los casos.
Y por hacer todo me dirás que ya acudiste a las instituciones de siempre y en todas y cada una de ellas te han dado negativas a tu petición de préstamo.
Te han dicho que tu perfil no es el adecuado y que no hay manera de que lo logres, que lo olvides.
Yo te vengo a decir que eso es una mentira absoluta: tu perfil es adecuado, tu futuro es hacia adelante y tienes todo el poder para construirlo.

Una persona bien informada es una persona que tendrá el poder en sus manos para construirse un mejor futuro, uno que mire hacia adelante.
La historia de que solo las personas que cumplen con los requisitos que marcan las instituciones de siempre, son dueñas de su hogar, se ha quedado en eso, en el pasado.
Querer realmente es poder. Siempre y cuando lo combines con las herramientas que necesitas para hacer tu meta –como el ser dueño de tu propia casa– una realidad.
Buena parte de las personas que hoy en día son propietarias de su hogar, no es porque ganan muchísimo dinero o porque tienen el perfil ideal.
Lo son porque se nutrieron con la información adecuada, porque a través de lo que aprendieron, le dieron la vuelta a su forma de pensar.
Se dieron cuenta que la decisión de comprar una casa o departamento es realmente suya, que hay otros medios para poder alcanzar esa meta, instituciones que apoyan y ven el potencial de las personas.
Olvídate de todo lo que te han dicho y haz que ser dueño de tu casa sea una realidad para ti.
Explora nuestro webinar: 5 errores al intentar comprar una casa y 5 motivos por los que no la compran y descubre los secretos que nunca te habían revelado para dar el paso y obtener un financiamiento rápido y sencillo para tu casa.
Te diremos qué es lo que te está impidiendo comprar la propiedad que tanto anhelas y te explicaremos cómo nosotros rompemos con estos mitos, por ejemplo el Buró de Crédito que para nosotros no es importante.
Comienza a informarte, dale la vuelta a tu vida y haz realidad tu sueño: que el suelo que pisan tú y los tuyos, sea de ustedes.
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